Hoy ha amanecido dos veces en Kourou. “Cinq, quatre, trois, deux, un, top: décollage”… Tras la cuenta atrás, los motores del supercohete Ariane 5 rugen y en un instante se hace de día. Convertido en una gran bola de fuego, ilumina el cielo nocturno en el puerto espacial de la Guayana Francesa como si saliera el Sol. A medida que va ganando altura, el ruido va haciéndose más y más intenso.

Durante los casi dos minutos que tarda en desaparecer el resplandor que deja el vehículo en el que viaja la nave espacial BepiColombo, solo algunas exclamaciones de admiración rompen el silencio que predomina en el mirador de Toucan, el punto más cercano a la plataforma de lanzamiento desde el que se permite ver el despegue, a 5,1 kilómetros de distancia. Son las 22.45 en Kourou. Veintiseis minutos después del lanzamiento, la nave se libera por fin de la última parte del cohete y pone rumbo a Mercurio.

Más cerca, a 2,3 kilómetros, están encerrados en un búnker los 120 técnicos y operarios encargados esta noche de operar el cohete y de informar a los dos centros de control de la Agencia Espacial Europea (ESA), el de Kourou, y Darmstadt, en Alemania. También desde allí, unas cinco horas antes del despegue, se controla a distancia el llenado de combustible líquido.

En el momento del lanzamiento, el cohete Ariane 5, de 55 metros, pesa 880 toneladas, de las que el combustible supone el 90%. Un millón de litros de agua se vierten en la plataforma de lanzamiento durante las operaciones previas al lanzamiento.

Cada vez que despega una misión en el puerto espacial europeo de la Guayana Francesa, el Ejército francés se encarga de la seguridad, asegurándose de que ningún barco esté en las inmediaciones y de ningún avión vaya a estar en la ruta del cohete. Todos los visitantes reciben instrucciones sobre cómo colocarse las máscaras si ocurre una emergencia y la carretera de acceso se corta y no vuelve a abrirse hasta unos 45 minutos después del lanzamiento.

“Hoy no es un día cualquiera porque BepiColombo es especial”, señalaba Jan Woerner, director de la ESA. Para el ingeniero alemán, la curiosidad y la fascinación son inherentes a la condición humana y hacen posible misiones tan ambiciosas como ésta, realizada conjuntamente con la agencia espacial japonesa, JAXA.

La misión BepiColombo, denominada así en homenaje al científico italiano Giuseppe Colombo, fallecido en 1984, consta de dos sondas que se quedarán orbitando el planeta más cercano al Sol para investigarlo durante al menos un año. Por un lado, la ESA ha desarrollado el Mercury Planetary Orbiter (MPO), que se encargará de hacer un mapa del planeta analizando en profundidad la superficie y el interior de este mundo que describen como “muy peculiar”.

“Hemos empezado a estudiar otros sistemas en los que hay planetas por todas partes, pero aún no tenemos una foto panorámica del nuestro que nos permita entender cómo se formó la vida”, explica durante una entrevista Günther Hasinger, director de Ciencia de la ESA. Y es que, según repasa el astrofísico alemán, “a Marte lo han visitado ya unas 40 sondas mientras que a Mercurio, hasta ahora, sólo dos”.

Un mundo extremo

Los nipones, por su parte, han desarrollado la segunda sonda de BepiColombo, denominada Mercury Magnetospheric Orbiter (MMO o MIO) y diseñada para investigar la magnetosfera. Según destacó en rueda de prensa Hitoshi Kunikaka, director general del Instituto de Ciencia Espacial de JAXA, su objetivo al enviar el satélite MIO es averiguar cómo el viento solar afecta a los entornos planetarios: “Está muy cerca del Sol y tiene un campo magnético débil, así que Mercurio es un entorno extremo idóneo para estudiar estas interacciones entre la magnetosfera y las partículas del Sol”.

Que dos sondas estén observando simultáneamente Mercurio les permitirá obtener información más precisa y producir ciencia de gran calidad, añadió el directivo nipón, que se mostró confiado en que su país siga colaborando con la ESA en futuras misiones espaciales.

Con el lanzamiento de hoy culminan casi dos décadas de trabajo. “Ha sido muy complicado sacar adelante esta misión”, señaló Nicolas Chamussy, uno de los responsables de Airbus Defence and Space, la contratista principal de BepiColombo, en la que han participado un total de 83 empresas de 16 países, entre ellas la españolas Crisa, ALTER, CASA, Iberespacio, Rymsa, Sener y Thales Alenia España. “Lo verdaderamente importante es que cientos de personas han trabajado de forma conjunta en Europa y Japón para hacerla realidad”, aseguró Chamussy.

La factura final asciende a 1.700 millones de euros, incluyendo las operaciones de la nave hasta 2028. Y es que todavía habrá que esperar hasta diciembre de 2025 para que la nave llegue a Mercurio, un planeta con temperaturas y radiación extremas, y un año más para que comience a recoger los datos científicos.

El Centro de Astrobiología (CAB/CSIC-INTA), el Instituto de Astrofísica de Andalucía y el Instituto de Microelectrónica IMB-CNM del CSIC en Barcelona figuran entre los centros españoles que han suministrado componentes para BepiColombo.

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