El Atlético certificó su pase a los octavos de final con una victoria sin sombras ante el Mónaco en el Wanda Metropolitano. El conjunto de Simeone fue siempre superior al equipo de Thierry Henry, que vive uno de sus peores momentos, como demuestra su penúltima posición en el campeonato francés. Pronto quedó en evidencia. De hecho, antes de que pasara un minuto y medio desde el pitido inicial los rojiblancos se adelantaron con un disparo de Koke que fue desviado por un defensa.

No le podían salir mejor las cosas a los rojiblancos, que comparecían ante su hinchada con la ausencia de un Diego Costa pendiente de entrar o no en el quirófano por sus molestias y, como explicó Miguel Martín Talavera en Carrusel, descontento con su situación en el club. No era esta su noche, sino la de los Ángel Correa o Thomas Lemar, que tenían ante sí la oportunidad de demostrar su aportación ofensiva al conjunto de Diego Pablo Simeone.

La respuesta llegó pronto. Primero, en un gran desmarque del francés cuyo pase final no llegó al argentino. Y luego con una gran jugada de Correa que rompió al Mónaco entrando por la izquierda para servirle una pelota de gol a Antoine Griezmann. El francés no dudó y colocó la pelota fuera del alcance del portero Benaglio para subir el 2-0 al marcador, hacer su cuarto tanto en esta edición de la Liga de Campeones y reafirmar su candidatura al Balón de Oro.

No podía ser más plácido el encuentro para los madrileños. El problema es que el marcador le daba la clasificación pero no su objetivo de pasar como primero de grupo. Para eso dependía de un pinchazo del Borussia Dortmund en esta jornada ante el Brujas en su estadio o la siguiente frente al Mónaco a domicilio.

A la espera de Falcao

Los rojiblancos no pensaron en ese condicionante para su futuro en su competición y fueron a por más. No se entiende un Atlético de Simeone que se desenchufa. Enfrente tenía a un rival con muy pocos argumentos futbolísticos. Solo algo de velocidad arriba, pero poco más. No tuvo ocasión de demostrar otras cualidades ni de provocar preocupación en el meta esloveno Jan Oblak.

El partido perdió pronto los alicientes y solo quedó uno: ver al colombiano Radamel Falcao, hoy suplente en el Mónaco, ante el equipo al que surtió de goles durante dos temporadas. Salió cuando habían transcurrido cinco minutos de la segunda mitad. La mayor parte de los asistentes al partido se acordó de sus goles en la final de la Europa League de Bucarest ante el Athletic.

Nada más salir él al campo llegó la primera ocasión de su equipo. Recibió un balón de espaldas a la portería y se giró rápidamente para armar un disparo que Oblak paró sin problemas. En menos de un minuto había hecho más que todos sus compañeros en una hora.

Simeone demostró que no daba el partido por ganado con los cambios. Uno de ellos fue meter en el campo a Saúl por Correa. El tiempo le dio la razón porque el Mónaco tuvo la ocasión de acortar distancias en un penalti por mano de Savic -expulsado por la segunda amarilla- que falló Radamel Falcao. Oblak le dedicó una palmadita de consolación.

Con diez en el campo, y tras el susto del penalti, se le notaron los nervios al conjunto rojiblanco. Al final, la victoria le vale para seguir aspirando a pasar como primero. Pero eso ya no depende de él.

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