Fuente: Juan Alcaraz Díaz (ASUNTOS POLICIALES)

El pasado 1 de julio, se celebraron elecciones presidenciales en México, en medio de una campaña electoral marcada por la violencia política en el país. Los mexicanos eligieron a Andrés Manuel López Obrador como sucesor del Presidente Enrique Peña Nieto ; así como senadores y diputados federales y locales ; alcaldes y concejales ; regidores, juntas municipales y sindicaturas.

Durante la campaña electoral, el clima de violencia política se saldó con un resultado de 113 políticos y candidatos asesinados, resultando ser la campaña electoral más sangrienta de la historia. La mayoría de lasa víctimas pertenecían al Partido Revolucionario Institucional ( PRI ) , con 44 asesinatos, un 34 % de todos los crímenes cometidos contra los políticos. Le siguió, el Partido de Acción Nacional  ( PAN ) que resultó con 43 víctimas y el Movimiento de Regeneración Nacional ( MORERA ), con 18 candidatos muertos. A los que habría que añadir, más de 400 agresiones de todo tipo a ex-alcaldes y concejales.

México, sufrió en 2017, 31.174 asesinatos, batiendo todos los records establecidos desde 1977, año en que se inició la estadística. De hecho, el mandato de Enrique Peña, ha acumulado casi 120.000 muertos, superando así al de su antecesor Felipe Calderón, ( 2006 – 2012 ) ;  ya que fue una de las principales promesas electorales que le llevaron a ganar las elecciones de 2012, con el objetivo de poner fín a la ola de inseguridad y violencia que por entonces asolaba a la nación mexicana.

El anterior Presidente, Felipe Calderón, declaró la guerra a los traficantes de drogas conocidos como ” los cárteles de las drogas ” , que hasta entonces operaban impúnemente en México. Desplegó a las Fuerzas Armadas por varios Estados para iniciar una lucha encarnizada entre el Gobierno de la Nación y el crimen organizado.

El resultado fue, una espiral de violencia que llevó a México en 2011, por primera vez, la cifra de 27.000 asesinatos en un año, ya que cuanto mayor era la presión policial, mayor  era también la violencia empleada por los criminales contra la población civil.

Sin embargo, Peña Nieto llegaba con una propuesta distinta. Su idea era ir sacando a los militares de las calles, poco a poco, para dejar las tareas de seguridad pública en manos de la Policía, estableciendo como objetivo prioritario combatir a los cárteles. Con ésta estrategia, ha logrado eliminar o meter entre rejas a 107 de los 122 jefes del tráfico de drogas, entre ellos la de Joaquín ” El Chapo ” Guzmán, jefe del cártel de Sinaloa.

El lograr detener a estos cabecillas, ha tenido unas graves consecuencias para la población civil. Al eliminar a los responsables, las diferentes bandas criminales han vivido procesos de luchas internas para hacerse con el poder del cártel. Mientras antes eran conocidos los jefes, ahora hay cientos de grupos que luchan entre sí, para repartirse el control del territorio con el resultado más sangriento de la historia.

Entre los dos ex- Presidentes, Calderón y Peña Nieto, suman casi 250.000 muertos en 12 años. Cifra demasiado elevada para un país que, oficialmente, no está en guerra contra nadie como por ejemplo, Siria que se debate en una guerra civil desde 2011 y donde se estima que han fallecido unas 500.000 personas.

Este es el panorama que se ha encontrado el nuevo Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, que el pasado 1 de diciembre tomó posesión de su cargo. Su inevitable Plan de Lucha contra la Delincuencia va a tener que incluir numerosas medidas de carácter social para frenar la criminalidad desde sus orígenes y no desde los efectos, porque estos últimos ya los conocemos y son devastadores.

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